He tenido la gran satisfacción de pasar parte de mis vacaciones con mi buena amiga Vivienne en Llanes, Asturias. Compartir momentos deliciosos en un lugar mágico como es el Palacio de Partarríu ha sido una experiencia inolvidable. El paisaje en Asturias te atrapa: un fresco aroma emana de la tierra y de las plantas, la vegetación llega a alcanzar un tamaño considerable. Insectos en vivos colores metálicos se cruzan en tu camino, son joyas andantes. Una suave bruma se forma sobre los ríos al caer la tarde, como una demostración más del poder de su belleza. Es el hechizo del bosque.
Villa Parres o Palacio de Partarríu se terminó de construir en el año 1898. Es un autentico placer despertar por la mañana y contemplar, a través de sus ventanales, las imponentes cornisas que decoran la fachada. Partarríu proviene de la frase “parte del río” porque la finca terminaba a orillas del río Carrocedo. Es un esplendido edificio de cuatro plantas y una torre anexa que aun conservan los descendientes de José Parres, por quienes he sido amablemente invitada. Espero que este post sea un homenaje para ellos.
Aquí se han rodado películas como “Mi nombre es sombra”, de Gonzalo Suaréz o la serie “Los jinetes del Alba”, de Vicente Aranda, entre otras. Pero por lo que ha sido catapultada a la fama es por ser el escenario de los exteriores de la película “El orfanato”, de Juan Antonio Bayona.
Durante la Guerra Civil fue requisado para albergar un hospital. Cuando sus propietarios regresaron se encontraron con los destrozos y tuvieron que habilitar la casi totalidad del interior del edificio, la familia tuvo que soportar ver repartidos en otras viviendas y en edificios públicos los muebles y enseres de su propiedad, es así como quedaron borradas para siempre las huellas de su antiguo esplendor. A pesar de todo, Partarríu te envuelve con un abrazo cálido, te alberga con el sosiego de una época que aun late en su interior. El espíritu de una familia que tanto hizo por la prosperidad del pueblo de Llanes, la generosidad con sus conciudadanos no tuvo limites.
El Palacio de Partarríu es hoy una finca particular habitada en cualquier época del año.






Me ha encantado este post. Qué vacaciones más civilizadas; es que la cabra siempre tira la monte, yo me fui a Santo Domingo, con ese solazo insportable.