Madrid está a punto de colapsarse, como todos los viernes a esta misma hora. Voy a encontrarme con Zoé Valdés y existen dos alternativas: Las Lágrimas de Eros en el Museo Thyssen o un corderito asado debajo de un emparrado. Estamos de acuerdo. El pecado jamás tuvo una cara tan amable y está bellisima con una soberbia serpiente enroscada. San Sebastián nos enternece, guardo para mí los deseos de Zoé, yo le habría besado, pero nunca antes de quitarle la flecha. ¿Estoy bajo los efectos de una novelista en el Museo del Louvre? Creo que sí. Ella ha sido como un sueño delante de mis ojos. La veo desaparecer por los pasillos del aeropuerto, detrás de la puerta de embarque.
Los sueños son así.

Foto tomada del blog de Zoé Valdés.


Pronto nos volveremos a ver. Fue, cierto, una tarde deliciosa.