Consciente entonces de que mi misión, que es simplemente decir la verdad, y sólo la verdad, y predicar la indiferencia en un mundo donde todos quieren algo de todos, y ese algo está dictado por el más profundo ODIO y sus primas la envidia, la ambición, el afán de poseer y esclavizar y como colofón la omnipotente y omnipresente vanidad, repito, consciente de que lo que me he propuesto en esta vida nada tiene que ver con el aborrecible formalismo de escribir cartas, me he decido a utilizar este recurso (que sólo sirve para engatusar, engañar y perpetuar sobre el papel las mismas pasiones que desprecio) sólo por obedecer o más bien por complacer a mi difunto amigo José Velázquez, que se me apareció en sueños, y que por supuesto con su acostumbrada cortesía e incluso timidez y más que todo sabia indiferencia, no me pidió directamente nada, porque José sabía y sabe que el valor de las cosas es simplemente nada, no como Salomón que escribió proverbios y consejos a los jóvenes luego de haberse bañado toda su vida en oro y ni siquiera tuvo el pudor de quemar o al menos regalar sus riquezas, sino que se limitó a decir vanidad de vanidades, todo es vanidad, pero posiblemente mientras escribía sus esclavos lo abanicaban y sus mujeres lo esperaban ansiosas para refrescarlo con perfumes y ungüentos y sus cocineros, pobres seres inferiores, preparaban con sudor y fatiga los manjares que al buen señor se le antojaría comer luego de su atrevido flirteo con las palabras, a diferencia de José que en su trayecto por esta tierra se limitó a ofrecer respeto y consideración a distancia, no consejos, no amor, porque el amor es sólo la envoltura de otros sentimientos perversos, y que fue la única persona que nunca se burló de mí sino que me escuchaba y atendía con paciencia y entendía y compartía mis criterios, y en las pocas ocasiones que hablaba (porque a el sobre todo le gustaba escuchar, y yo lo agradecía) era para añadir algo de su propia cosecha que respaldaba su propio pensamiento y a veces, puedo afirmarlo con toda humildad, lo ampliaba y enriquecía, hasta que por supuesto los enemigos de la verdad, los conspiradores que detentan el poder del mal, no pudiendo soportar que existiera alguien que viera la luz y apoyara a aquel cuya misión es denunciar la farsa y la iniquidad que prevalecen en este campo de concentración empapado de sangre (y me refiero por supuesto al mundo en general, sin excepción de países, ni siquiera la neutral y apacible Suiza), donde las víctimas se alimentan de las víctimas y así hasta el infinito, no pudiendo, repito, contemplar impasibles cómo el hombre que ha sido su flagelo contaba por primera vez con alguien de confianza, decidieron eliminarlo por medios secretos que quizás incluyeron el uso de la hechicería, y no me es dado revelar más hasta que llegue el Día. Ahora tengo que ir a comer.
Fragmento de PUENTE EN LA OSCURIDAD de Carlos Victoria (Camaguey, 1950- Miami, 2007). Premio Letras de Oro de Novela 1993, Universidad de Miami.


Gracias, le puse link.