“Por aquellos días Alberti se destaca como comunista. Durante los últimos tiempos no había vuelto a venir a las reuniones de nuestra casa, porque en la suya juntaba a comunistas de todo el mundo para hablar de política. (Así como se iba a casa de Aleixandre a pasarlo bien, se iba a casa de Rafael a hablar de política). Alberti se comportó con nosotros de manera desleal y muy desagradable. ya que un día se le ocurrió tomar los nombres de Aleixandre, Cernuda, Moreno Villa, el de Manolo y el mío para incluirlos en un manifiesto comunista para el cual necesitaba el apoyo de los escritores. Los tomó, poniéndonos en peligro, y sin que ninguno de nosotros estuviera de acuerdo con la infiltración de esa ideología en España.
Una mañana muy temprano vino García Lorca a nuestra casa; quería estar a solas con Manolo y conmigo; se le veía triste y pensativo, en comparación a su carácter de siempre, alegre, viniendo a casa a buscar gente. Estuvimos juntos toda la mañana y salió diciendo muy amable: “¡Adiós, adiós…!” Yo salí a despedirle a la puerta y me dijo: “Concha, habrá un concurso de teatro en el que yo voy a formar parte del jurado, y seguro que el premio será para ti, por tu Carbón y la rosa“. Aun hoy, no he podido olvidar aquellas palabras cariñosas de Federico; fue el último día que lo vi. Ese mismo dia, por la noche, fuimos a la embajada de Chile; estábamos esperando a que llegara Federico, cuando llegó Rafael Martínez Nadal, que era su mejor amigo, para decirnos que lo acababa de dejar en el tren, rumbo a Granada.
Un domingo se sublevan las tropas en Marruecos. En Madrid no se entera nadie; pero llegado el domingo próximo, se alzan en la capital y empieza la guerra. Por lo visto, España fue utilizada para discutir y planear problemas ajenos a ella: por un lado, los nazis habian comprado a los militares encabezados por Franco, y por otro, se infiltró la filosofía estalinista. Ellos pelearon entre sí y a nosotros nos confundieron. Los españoles peleaban entre hermanos y todos perdimos, y en ambos lados se cometieron errores e injusticias.”
Fragmento de Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas. Ed. Mondadori España, S. A., 1990.

Saludos desde Granada, ciudad de la metáfora perfecta, cuna y muerte de Federico.
Gracias por rescatar estas piezas.
Te vuelvo a visitar con tu permiso.
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Saludos