No era fácil ser mujer en los años que vivió Colette, y mucho menos lo era siendo escritora y con la firme convincción de una vida irreverente a las normas, fiel a sus propios instintos. Colette quiso ser libre, quizás eso sea lo más importante. Su naturaleza y la calidad de su escritura fuerón perfilándose bajo el dominio de una parte relevante de su personalidad que no daba tregua a la debilidad y al desanimo, ni en los últimos años de su vida, confinada en su sofá-cama de la calle Beaujolais, en el Palais Royal.
Colette era amante del amor y de la buena cocina, a partes iguales, como debe ser. Asidua de Le Grand Véfour, que se encuentra muy cerca del que fue su último apartamento en París, no deja de referirse a los grandes placeres. “Poder volver a empezar” fue uno de sus últimos deseos, parece obvio pero para nada.
Fragmentos de un programa de radio con Colette como invitada, en 1950.
Versión cinematográfica 2009 de la novela de Colette, Cheri.




Bellísimo post, me encanta el mal humor de Colette con el periodista.