Las expectativas de Alexander Solzhenitsin mientras escribía Archipiélago Gulag se debilitaron en varias ocasiones, aparte de la impotencia que le provocaba comprender que con todos aquellos que murieron perdidos en el Archipiélago desaparecieron sus testimonios, sus cuerpos e incluso a veces sus nombres. Eran las esperanzas de un escritor por divulgar no solo la experiencia propia, sino el entramado que dio origen a un sistema de represión sin precedentes.
Cada diciembre vuelvo a Archipiélago Gulag, a Un día en la vida de Iván Denísovich o a El primer círculo, y piso la nieve con mis botas de montaña con el asombro por todos aquellos que la pisaron con los pies envueltos en corteza de árbol a 10 ó 20 grados bajo cero, trabajando a pico, pala y carretilla para abrir un canal entre dos mares. Con las manos entumecidas en pocos minutos e l e f e c t o Archipiélago Gulag hace mella en mí a 40 años de distancia.


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