Memorias habladas, memorias armadas es un libro muy difícil de conseguir, tan difícil que me parece mentira tenerlo en mis manos. Son las palabras de Concha Méndez (Madrid, 1898 – Mexico, 1986) en cintas magnetofónicas, grabadas y armadas por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre. Llegué hasta Concha Méndez por su amistad con Maruja Mallo, parece que Concha fue una de las pocas personas que no pudó olvidar a Maruja. Ellas paseaban por Madrid desafiando divertidas sin sombrero, algo realmente escandaloso en aquella época. Con Irene Falcón, Maruja se mofaba de las señoritas engalanadas para buscar marido que desfilaban por el Paseo de la Castellana: “Fíjate, Irene, esas chicas que guapas son, pero que tontas. Nosotras somos feas, pero somos inteligentes”.
Concha, predestinada a un futuro de mujer tradicional, encuentra en su amiga Maruja el apoyo que necesita. ¿Qué habría sido de Concha Méndez en su juventud sin el carácter singular de una amistad tan afín?
“¡Que un aviador me preste
las alas de su avión
que quiero ponerle alas
de nuevo a mi corazón!”
(Surtidor, Concha Mendez)
Paloma ha escrito bellisimas palabras sobre su abuela en el prologo, que no dejo de releer:
“Para el exiliado, el cultivo de su memoria obedece a algo más que a una simple actitud nostálgica: constituye una autentica búsqueda, un intento por rescatar ese mundo interior, en el que habita solo, porque no hay nadie, o casi nadie, a su alrededor que refleje su pasado. En cierto sentido es la extrañeza de no encontrar ni en las gentes ni en el paisaje aquella persona que fue, ni el eco de aquellos hechos que alguna vez le hicieron feliz o desdichado (para el memorioso son tan imprescindibles los unos como los otros). [...] No solo había abandonado su país, es decir, toda una manera de ser y de vivir; sino que, ya en México, no pudo encajar ni en los medios literarios, por un lado, ni en el grupo social de los refugiados, por otro. [...] Reflexionando sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido victimas de una trampa: que, bajo pretexto de defender ideales (algunos más dignos que otros), se habían asesinado entre sí, hermanos, amigos y vecinos. [...] Así, desilusionada con la humanidad, desilusionada con los medios literarios, ella sumió su exilio con el mayor pudor y dignidad posibles, adaptándose a su nueva realidad, en la que vivía aislada, pero atenta a que su antigua inspiración poética no la fuera a abandonar.”



Ese libro está descatalogado y me parece que casi imposible conseguirlo, podrías decirme cómo lo conseguiste, por favor?