He aquí el pimiento picante de Maruja Mallo, como le llamó García Lorca para desacreditarla. A pesar de lo inevitable de su amargo destino, Maruja Mallo no solo representaba la vanguardia en femenino; en realidad, pintoras, escritoras, artistas a la sombra de libertades limitadas. Para ella sería diferente, dispuesta a seguir sus propias directrices, no militó en ninguna tendencia. Como no podía ser de otra manera, participa con éxito en el movimiento surrealista en París, pero vuelve a España tan pronto como finaliza la beca, sus ilusiones tienen mucho que ver con una recién estrenada República. Pero todo comienza a desmoronarse a su alrededor y es testigo de las atrocidades que tan bien se le dan al género humano, al comienzo de la guerra civil. Escribe “Relato veraz de la realidad de Galicia” en agosto de 1938 inspirado en aquellos días. Maruja no tiene otra opción que salir de España y lo hace por Portugal, sola, por el mismo paso fronterizo donde trabajó su padre como agente de aduanas durante su infancia. Cargada con apenas unas cuantas obras y una invitación para dar una conferencia en Buenos Aires, que le proporciona su amiga Gabriela Mistral, puede evadirse de los controles de la seguridad portuguesa, que devuelve a los españoles al otro lado de la frontera, embarcandose en un exilio que habría de durar casi treinta años. Pero esa es otra historia… Maruja Mallo pinta en Argentina “El canto de las espigas” con la esperanza de que algún día pudiera verse en España, siempre lo conservó y, a pesar de las dificultades económicas por las que pasó en la última etapa de su vida en Buenos Aires, el cuadro viene con ella a España, el Estado español lo adquiere por (solo!) nueve millones de pesetas. Hoy está expuesto en el Museo Reina Sofía.
Gracias a Pilar Ponte por el vídeo.


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