Vivir en nuestra propia fantasía puede que sea la única manera dulce de vivir siendo niños, y puede que sea la única manera posible de vivir siendo adultos. El mundo se transforma porque correr es volar. Correr consigue que el suelo desaparezca bajo tus pies, especialmente en el edificio donde vivía, bajando las escaleras se puede volar sobre cinco o seis peldaños, a veces más, si le hechas un poco más de valor y velocidad. En el momento de salir a la calle por el portal solo pedía tener la misma suerte de siempre y que nadie se cruzara en mi camino porque el golpe podía ser brutal.
También he volado en sueños, solo necesitaba los brazos y una fuerza infinita para remontar el vuelo, cuesta mucho trabajo sin tener alas. Prácticamente todas las noches cruzaba el cielo sobre los tejados de una gran ciudad. Siempre era de noche cuando volaba porque era de noche cuando soñaba. Nunca encontré a nadie que volara como yo, tampoco lo esperaba. Era feliz entrando a hurtadillas en aquella dimensión. Muy a menudo tenia que descansar sobre las ramas de un árbol o un tejado donde vivían en la noche los gatos o dormían los pájaros, el cielo no tenía mucho trafico. Nunca he podido olvidar aquel silencio y el viento fresco con olor a libertad.
Ahora, si vuelo en avión, el mejor momento es cuando los motores funcionan a todo gas y la nave despega del suelo, yo sé lo que es eso, yo sé lo que es volar.


Bellísima foto, bellísimo texto, por favooooooor. Me encanta lo que hiciste con las etiquetas que se mueven como en una esfera, ¿cómo lo hiciste? P’a recortarte, ejejejje. Ya leí que lo de Dulce María te ´fascinó, una maravilla.