Despertó con la visión opaca y desenfocada. Había estado soñando con cualquier bobada, realmente no se acordaba de los detalles, no era lo importante, lo importante era el protagonista del sueño que llegaba de nuevo a sus momentos oníricos como la figura que representaba la esencia de su propia naturaleza, el brillo de la vida en los ojos amantes, la magnética respuesta de la piel con piel que es correspondida, saberte conocedor de lo que impulsa ese corazón que no es el tuyo y te pertenece.
Entre tanta confusión se dejo llevar por aquel extraño que la imprimía confianza, mucho más que si le hubiese conocido.
Fragmento de mi novelita, A TODO GAS.
(Foto: París, 2007)


Pero qué bella…