El vídeo de Ciro Díaz me recuerda las palabras de Guillermo Cabrera Infante cuando se refiere a su gato Offenbach:
*”Mi amor por esas doce libras de pelo, garras y ojos azules llega a dividir los visitantes a mi casa en dos categorías: los que admiran y los que desdeñan, aunque sea levemente, a Offenbach. Los primeros se convierten ipso facto en amigos a pesar de que su incidencia sea tan mínima como la de un técnico desconocido que viene a arreglar la televisión. Los segundos pasan a ser cuestionados enseguida, aun después de años de amistad intensa. Para mí el mundo se ha dividido en dos clases de personas: las que aman a los gatos y las otras. A estas últimas les recomiendo adoptar un gato desde ya y, de ser posible, adoptar un siamés, que son a los gatos lo que los perros satos a los otros: los que más dan pidiendo menos.”
Porque, efectivamente, hubo un día en que el mundo se dividió para mi en dos clases de personas: las que aman a los gatos y las otras. Ella es Thai, mi gata siamesa, mi debilidad, mi amor. Después hubo más gatos en mi vida pero ella fue la primera y, desde luego, la que me enseñó lo cerca que pudimos estar a pesar de vivir en su mundo felino y yo en el mio, más o menos humano. Nunca la olvidare, no podría.
Este post está dedicado a todos los gatos del mundo, los caseros y los callejeros, y a las personas que saben apreciarlos.
*Fragmento de Offenbach en O, libro de relatos de GCI.
Foto: mi gata y yo, año 1990.



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