Un paseo por los pasillos del arte es una visita a las emanaciones de un autor, mágica cuestión los efluvios de lo material. Rothko se compadece del hombre encarcelado en los parámetros que el mismo a construido para sí, del hombre autómata que conoce, por repetitivo, lo que viene después. Pero ahora las cosas van a cambiar sin que este hombre lo sepa, y tras un recorrido entre emociones dispersas, sensaciones concretas y ninguneos, una pintura de gran tamaño ocupa toda tu atención y hace de ti el único protagonista, ahora eres tú y el desafió de un artista los que irrumpen en la sala, ni tan siquiera importa la estética ni las cualidades de los colores, el silencio es cómplice de esta sublime conciencia y el secreto te lo llevas.
“Y si he de depositar mi confianza en algún sitio, la otorgaría a la psique del observador sensible y libre de las convenciones del entendimiento. No tendría ninguna aprensión respecto al uso que este observador pudiera hacer de estas pinturas al servicio de las necesidades de su propio espíritu; porque, si hay necesidad y espíritu al mismo tiempo, seguro que habrá una auténtica transacción.”
Mark Rothko.
Verde sobre morado, 1961. En el museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.



Eli, te quedó magnífico el bló, ya te puse una pub en el mío. ¡Apretaste, mulata!