La Ría de Vigo y ni rastro de centollos. Vigo es muy industrial, muy tranquila, muy provinciana, muy afable. La última ciudad en la que estuvo Maruja Mallo antes de partir en 1936 a una conferencia en Buenos Aires. Llevaba una invitación como ponente, como pretexto. Maruja cruzó Portugal sola e intentando no llamar la atención, la policía portuguesa detenía y devolvía a España a los que salían huyendo de la Gran Carnicería. Llegó a Lisboa y se sintió perseguida, tenia una cita con un representante de la embajada argentina, al subir al coche oficial fue interceptada por la policía. Lo siento, pero este es un automóvil de la embajada, fueron las palabras mágicas de su acompañante.
“En este inmenso continente que me brindaba la alegría de vivir frente a la agonía de morir”
Intensas palabras para 25 años de exilio, es por esto que la admiro tanto.
En Casa das Artes, Vigo. Maruja Mallo:



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