Tuve una amiga iraní que no llegué a conocer, intercambiábamos cartas en inglés y vivíamos nuestra amistad con la ilusión de conocernos en algún momento, en alguna parte. Me escribía muy orgullosa de su país y de sus costumbres, me enviaba fotografías de su familia, si asistía a una boda me explicaba la dinámica de la ceremonia en un país como Irán, islámico; nos intercambiábamos regalos meticulosamente enviados en paquetes; me pedía que le explicara toda la parafernalia que supone montar un árbol de Navidad, ella lo imaginaba como un momento de gran emoción.

Su padre era militar (desconozco el rango) en una base aérea.
“No olvides enviarme el correo a la nueva dirección” Fueron sus últimas palabras.
La última carta que recibí de ella esta fechada el 17 de diciembre del año 1984 y después nada, cartas y más cartas sin respuesta. Los sellos, como se puede ver más abajo, me dejaron horrorizada.
No he dejado de buscarla porque nunca he perdido la ilusión y la esperanza de encontrarla. No me resigno y cada vez es más fácil, Internet tiene bastante poder y los gobiernos que parecen defender una parcela de libertad más todavía. Este no es un post triste, es esperanzado porque, en política, creo en el poder de los deseos de libertad por encima de todas las cosas.

Rss